Cerca de ochenta días llevamos confinados. Aunque el estado de alarma se decretó el 14 de marzo, los colegios ya se habían cerrado el 11 y el fin de semana del 7/8 ya nos aconsejaron quedarnos en casa. Parece que fue ayer y sin embargo ha sido un mundo.
Ahora, Madrid entra en fase 1 de la desescalada o desconfinamiento. ¡Miedo me da!.
Me niego a aceptar lo de "nueva normalidad". Prefiero pensar que vamos camino de la normalidad, a secas, aunque todavía tardemos en alcanzarla, quizá meses.. quizá años... Y cuando pase, veremos esta etapa como un paréntesis en nuestras vidas, como un mal sueño... Una pesadilla... de la que algunos no despertarán. Vidas truncadas... Sueños rotos... Sillas vacías... ¡Un desastre, vamos! difícil de recomponer. ¡Esto es insólito!
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28 de mayo de 2020
28 de marzo de 2020
YO ESTOY EN CASA
Seguimos confinados en casa. Han ampliado quince días mas el tiempo que debemos estar en nuestras casas para ver si conseguimos vencer a este maldito virus que ha aparecido con tanta virulencia Dios sabe cómo y de qué manera, que tantos estragos está causando... y tanto se está cebando en los ancianos.
En nuestro portal hay mucha gente mayor. Bueno, en nuestro portal... y en todo el barrio. Somos muchos abuelos, siempre suenan niños y se les ve corretear por la calle. Ahora parece que ha pasado el flautista de Hamelin...
En nuestro portal hay mucha gente mayor. Bueno, en nuestro portal... y en todo el barrio. Somos muchos abuelos, siempre suenan niños y se les ve corretear por la calle. Ahora parece que ha pasado el flautista de Hamelin...
18 de marzo de 2020
QUEDATEENCASA
¡Qué situación mas extraña!.
Llevas tu vida normal, sorteando mas o menos bien los problemas diarios, pues cada día tiene su afán, ¡así es la vida! y de pronto... una circunstancia rara, un raro virus, nos hace dar un fuerte frenazo y el mundo se paraliza.
Cada poco rato mi estado de ánimo varía. Pasa por diferentes estadíos... incertidumbre, inquietud, temor, ánimo, resignación...
Llevas tu vida normal, sorteando mas o menos bien los problemas diarios, pues cada día tiene su afán, ¡así es la vida! y de pronto... una circunstancia rara, un raro virus, nos hace dar un fuerte frenazo y el mundo se paraliza.
Cada poco rato mi estado de ánimo varía. Pasa por diferentes estadíos... incertidumbre, inquietud, temor, ánimo, resignación...
26 de abril de 2015
EL LEGADO
EL RELOJ
Muchos recordareis este reloj, en casa de mamá. Otros muchos, aunque menos, por la edad, recordareis este reloj en casa de los abuelos.
Yo sí lo recuerdo, en el patio de casa, como se llamaba en el pueblo al recibidor, de la casa de los abuelos. Era éste un espacio amplio, con el suelo de cemento pulido y macetas con calas. Y, presidiendo la pared frente a la puerta de entrada: ¡¡el reloj!!.
Creo recordar que mamá dijo alguna vez que este reloj ya venía de la casa del padre del abuelo, pero de eso no estoy segura. Lo que si he vivido en mis visitas al pueblo es, como el abuelo. invariablemente cada semana, le daba cuerda. Y cada hora, solemnemente, el reloj nos regalaba el sonido de sus campanadas.
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| El abuelo Cecilio |
Cuando, ya fallecido el abuelo, la abuela Petra sufrió la trombosis, o la embolia, las tías se la trajeron a Madrid. Entonces se desmontó la casa y mamá se hizo cargo del reloj. Desde entonces estuvo en su casa, donde la mayoría de vosotros lo identificáis. Funcionó al principio, incluso recuerdo que por entonces llevé la caja a un restaurador que colaboraba con nosotros en mi trabajo, porque le faltaba uno de los adornos. Sí, uno de los pirindolos. No recuerdo si el de arriba del todo o uno de los de abajo. Lo hizo tan bien que no se distingue. Después de un tiempo se paró y mamá no se decidía a llevarlo a arreglar. Decía que a ver si le iban a cambiar alguna pieza... Y así seguía últimamente: parado. Ya solo servía de adorno en la pared.
Mamá dispuso que lo conservara yo. Y ahora me he hecho cargo de él, como si fuera un legado.
Espero ser digna de este legado. Lo cuidaré con mucho cariño.
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Miguel de Cervantes.
Frase:
"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades".
Y otra...
"El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto".
Charles Chaplin.
Charles Chaplin.
2 de marzo de 2015
ABUELA PETRA
El 27 de Febrero, hace tres días exactamente, ha hecho cuarenta y ocho años que la abuela Petra nos dejó, dos años después que papá.
En la misma carta recibida venían los certificados de defunción de sus padres. Resulta que toda esta documentación la pedí cuando estaba haciendo el álbum de la familia, pues como su madre murió cuando ella tenía cinco años y su padre se volvió a casar, quería saber si me aportaban algún dato interesante para el álbum.
Lo cierto es que han llegado con un poco de retraso, ya que los pedí en el 2009. Todo un récord. ¡¡Seis años!!. Aunque... mas vale tarde que nunca.
Me han confirmado datos que ya tenía: su padre se llamaba Venancio y su madre Catalina. Ésta, según el acta de defunción murió con treinta y cuatro años a consecuencia de "enterocolitis crónica (aparato digestivo)". Como he dicho, la abuela Petra solo tenía cinco años, Venancio se volvió a casar, ahora con Zoila y tuvo otras tres hijas mas, Felisa, Victoriana y Fidela.
Cuando mamá contaba cosas de su juventud, nombraba mucho a tía Zoila, (¿se puede decir su abuelastra?) y siempre tuvimos muy buena relación con las hermanas de la abuela Petra, y nos visitábamos con frecuencia. De hecho yo las recuerdo muy bien a las tres y a sus maridos, sobre todo a las dos mayores, tía Felisa y tío Marcelino (de los que ya publiqué una fotografía en la que estaban en compañía de papá y mamá) y tía Victoriana y tío Luis. Con tía Fidela y los suyos teníamos menos contacto, pero por nada en especial simplemente por falta de costumbre.
Recibir estos documentos me ha hecho volver a viejos tiempos.
Posteriormente me he enterado que cuando Venancio, el padre de la abuela Petra se volvió a casar, las cosas no iban bien para la niña con la nueva esposa, motivo por el cual su abuela se la llevó a vivir con ella y con ella se crió.
Frase:
"La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla".
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| Abuela Petra |
Veréis, resulta que hace unos días, recibí una carta del ayuntamiento del pueblo en el que nació, con su acta de nacimiento. Y en un extremo del documento había una reseña con su fecha de defunción; por eso lo sé, pues no lo recordaba. Es curioso que por mas que pienso en ese día y teniendo en cuenta que falleció en nuestra casa, no consigo recordarlo ni visualizarlo. Y sin embargo si la recuerdo sentada al lado del balcón, leyendo "Los episodios nacionales", de B. Pérez Galdós, en papel biblia y páginas a dos columnas.
En la misma carta recibida venían los certificados de defunción de sus padres. Resulta que toda esta documentación la pedí cuando estaba haciendo el álbum de la familia, pues como su madre murió cuando ella tenía cinco años y su padre se volvió a casar, quería saber si me aportaban algún dato interesante para el álbum.
Lo cierto es que han llegado con un poco de retraso, ya que los pedí en el 2009. Todo un récord. ¡¡Seis años!!. Aunque... mas vale tarde que nunca.
Me han confirmado datos que ya tenía: su padre se llamaba Venancio y su madre Catalina. Ésta, según el acta de defunción murió con treinta y cuatro años a consecuencia de "enterocolitis crónica (aparato digestivo)". Como he dicho, la abuela Petra solo tenía cinco años, Venancio se volvió a casar, ahora con Zoila y tuvo otras tres hijas mas, Felisa, Victoriana y Fidela.
Cuando mamá contaba cosas de su juventud, nombraba mucho a tía Zoila, (¿se puede decir su abuelastra?) y siempre tuvimos muy buena relación con las hermanas de la abuela Petra, y nos visitábamos con frecuencia. De hecho yo las recuerdo muy bien a las tres y a sus maridos, sobre todo a las dos mayores, tía Felisa y tío Marcelino (de los que ya publiqué una fotografía en la que estaban en compañía de papá y mamá) y tía Victoriana y tío Luis. Con tía Fidela y los suyos teníamos menos contacto, pero por nada en especial simplemente por falta de costumbre.
Recibir estos documentos me ha hecho volver a viejos tiempos.
Posteriormente me he enterado que cuando Venancio, el padre de la abuela Petra se volvió a casar, las cosas no iban bien para la niña con la nueva esposa, motivo por el cual su abuela se la llevó a vivir con ella y con ella se crió.
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"La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla".
Jorge Santayana
4 de octubre de 2014
CRÓNICAS DE OTROS TIEMPOS
Un poco mas...
Después estaban el tabaco y el algodón.
Después estaban el tabaco y el algodón.
Aparte de lo que se sembraba y producía para el auto-abastecimiento de
la familia, supongo que haría falta generar dinero para comprar las cosas necesarias en una casa
aparte de la alimentación y aunque en ocasiones se practicaba el trueque, pues
el abuelo, según le oí comentar muchas veces a mamá, cambiaba a los portugueses
trigo por café, se sembraban otros productos que luego se vendían.
Uno de estos productos era el tabaco. Mamá hablaba también
de las veces que de soltera le había tocado ir a quitar la flor o a atar las manillas del tabaco para colgarlo. Yo recuerdo haber visto las grandes hojas colgadas en los techos de los
secaderos. No sé qué se hacía con el tabaco después de seco, supongo que se enviaba a plantas transformadoras o cooperativas.
Os pongo una foto en una plantación de tabaco. Es posterior a la muerte del abuelo Cecilio e incluso papá también nos había dejado hacía poco. Supongo que sería tío Arsenio el que lo llevaba.
Os pongo una foto en una plantación de tabaco. Es posterior a la muerte del abuelo Cecilio e incluso papá también nos había dejado hacía poco. Supongo que sería tío Arsenio el que lo llevaba.
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| Aquí me tenéis, entre el tabaco, con la hija de una prima de mamá |
No sé si se sigue sembrando algo de tabaco, pues desde que construyeron los canales y metieron el regadío en la zona, la gente se dedicó mas al maíz y yo he visto cerrados los respiraderos de muchos secaderos de tabaco, suponiendo que ya no
se utilizan para tal fin.
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| Secadero de tabaco |
Otro de los productos que se sembraban era el algodón. Había que recogerlo con mucho cuidado pues había que sacar de su envoltura la especie de copo esponjoso blanco, para que no se ensuciara mucho, pues en ello estribaba la calidad del algodón y en lo que lo podían valorar las empresas que se hacían cargo de él. También mamá hablaba de ello y de lo tapadas que tenían que ir para hacer estos menesteres y que el sol no les quemara la piel.
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| Y aquí, entre el algodón |
De todas formas, hasta donde me alcanza la memoria, no recuerdo nunca haber visto al abuelo trajinando en el campo, él era como Felipe II, dirigía los trabajos desde su sillón, aunque bien es verdad, que cuando él murió yo solo tenía catorce años. En cambio sí recuerdo a los tíos en esas tareas. Aunque uno de ellos se dedicaba mas al tema de la electricidad pues, como ya os dije, tambien el abuelo llevaba la gestión de la luz en el pueblo.
Por cierto Ignacio, me dijiste que no recordabas que hubiéramos coincidido los dos de pequeños en casa de los abuelos . ¿No recuerdas una ocasión en que nos mandaron a vender hojas, o ramas, de té y recorrimos todas las casas del castillo?. No sé si fue para que nos sacáramos unas monedas. ¡¡Qué gracia, me acabo de acordar!!
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Frase:
"Entre el recuerdo y la
memoria hay mucha diferencia:
el primero es la depuración de la segunda". Antonio Gala
30 de septiembre de 2014
CRÓNICAS DE OTROS TIEMPOS
Sigue...
Aparte de cabras y cerdos, los abuelos tenían otros animales. Por ejemplo las ovejas. No sé cuantas había pero era un rebaño; y para cuidarlas tenía un pastor. ¿Os hablé ya de él?. Daba un poco de miedo, aunque era muy buena persona. Se llamaba Emeterio y era como de cuento... como de cuento de miedo. Bajito y con chepa, tenía pocos dientes y separados. Llegaba todas las tardes con su zurrón y su cayada después de dejar las ovejas en un corral que estaba algo mas alejado de la casa. Se sentaba al lado de la lumbre a dar el parte y comer el cocido, que la abuela le reservaba del de mediodía. Ya os dije, creo, que en el pueblo exceptuando en las fiestas, que mataban algún pollo, todos los días del año se comía cocido. ¡Tenían poco que pensar!.
En el mismo corral en que se guardaban las ovejas, allá por las traseras de la calle Real, había gallinas. Y todos los días la abuela iba a darles de comer y recoger los huevos. Yo la acompañé muchas veces y la ayudaba a buscarlos en los nidales.
También en el corral de casa había algunas gallinas, que andaban por todos lados, la abuela las llamaba para darles de comer: "pitas pitas pitas" y ellas se arremolinaban a su alrededor. ¿Sabéis que yo me comía huevos crudos?. Supongo que por indicación de la abuela o de las tías... lo cierto es que según lo recogía del nidal, le hacía un agujero por la punta, le echaba un pellizco de azúcar y ¡¡lo sorbía!!... ¡Puaff!.
Otro animal que había era un burro... ¿o burra?, que algunas veces cargaba con el serón de los melones, o las aguaderas de los cántaros. E incluso con alguno de nosotros, para ir al Pedroso. También estaba el mulo, "Minuto", ¿Lo recordáis?. Ya os hablé de él, cuando fui con papá al Pedroso, que para arrearlo decía -corre, corre... minuto, medio minuto, minuto y medio-...
Continuará.... un poquito mas.
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¡Ah!, Ya está identificada la dama misteriosa de la fotografía en el corral. Aurelio ha recordado que era la hija pequeña de tío Saturnino, el primo de papá que vivía en Plasencia. Tenía dos hijas, la mayor se llamaba Carmela, era modista, y precisamente he sabido que le hizo el traje de novia a tía Fe. No recuerdo el nombre de la pequeña, la de la foto. Al morir papá perdimos el contacto con la mayoría de sus primos, pero en aquel tiempo siempre que íbamos al pueblo, y parábamos en Plasencia para coger el autobús, pasábamos a visitarlos o ellos hacían por vernos. Probablemente su hija estaba pasando las fiestas en el pueblo. ¡Uf, que descanso!.
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Frase:
"No soy el producto de mis circunstancias, soy el producto de mis decisiones"
Stephen Covey.
27 de septiembre de 2014
CRÓNICAS DE OTROS TIEMPOS
...continuación
Os he contado lo que recuerdo que se guardaba en la bodega. Bueno, se me olvidaba lo de la leche. Creo que os dije que los abuelos tambien tenían alguna cabra, que al igual que los cerdos, pasaba un cabrero por las mañanas recogiéndolas para llevarlas al campo y las devolvía por la tarde. Cuando llegaba, la abuela se sentaba en una banqueta o sillita baja a ordeñarla y después cocía la leche en una gran sartén; cuando la vaciaba en la lechera las paredes de la sartén se quedaban impregnadas de una capa gruesa como de nata, que nosotros rebañábamos con una cuchara y estaba deliciosa.
Ahora os contaré lo que recuerdo que se guardaba en la troje. Entre otras cosas, los melones y las sandías. Nada que ver con los que compramos ahora. Los melones eran puro azúcar y las sandías, de esas que crujen cuando las abres y que al verlas se te hace la boca agua, llenas de pipas negras -¡¡No sé que moda es esa de las sandías sin pipas!!. No sé donde tenía el terreno en el que se sembraban, pero sé que entonces eran de secano, que es la fruta mas dulce. Algunos melones se colgaban en el techo del pasillo, con una especie de rejilla que se hacía de juncos y duraban hasta Navidad, o mas. Cuando salía algún melón o sandía que al abuelo le parecía excepcional, guardaba las pipas, después de secas, para simiente del próximo año y las metía en unos cántaros que también estaban en la troje. Las había de melón, de sandía... y de calabaza.
En una ocasión, Aurelio se dio un susto de muerte. No sé si uno de los tíos o el abuelo le mandaron que subiera a por un melón y cuando abrió la puerta de la troje para subir, por poco se cae de espaldas al tratar de huir. Le habían puesto en lo alto de la escalera, el cascarón de una sandía convertido en una cabeza, con los huecos de los ojos y grandes dientes, y una vela encendida dentro. Igual que las calabazas que ponen ahora en la noche de halloween, pero que en aquel entonces ni se había oído hablar de tal fiesta.
En cambio a mí, en uno de los ventanucos de la troje me dejaron un año los reyes, unos calcetines grises largos, una naranja y unas monedas.
Ignacio dice que sentado en los peldaños de la troje, con ocho años, aprendió a hacer crucigramas con el ABC del abuelo.
Había otra finca, "La Cortina", que dependiendo de la época del año, sembraban una cosa u otra. Y así, aparte de los melones... las sandías... los cántaros de simientes... y algunos aperos de labranza, en la troje había: garbanzos... trigo... cebada... Ya veis lo que la troje daba de sí... Subir allí, era una aventura.
Continuará...
Os he contado lo que recuerdo que se guardaba en la bodega. Bueno, se me olvidaba lo de la leche. Creo que os dije que los abuelos tambien tenían alguna cabra, que al igual que los cerdos, pasaba un cabrero por las mañanas recogiéndolas para llevarlas al campo y las devolvía por la tarde. Cuando llegaba, la abuela se sentaba en una banqueta o sillita baja a ordeñarla y después cocía la leche en una gran sartén; cuando la vaciaba en la lechera las paredes de la sartén se quedaban impregnadas de una capa gruesa como de nata, que nosotros rebañábamos con una cuchara y estaba deliciosa.
Ahora os contaré lo que recuerdo que se guardaba en la troje. Entre otras cosas, los melones y las sandías. Nada que ver con los que compramos ahora. Los melones eran puro azúcar y las sandías, de esas que crujen cuando las abres y que al verlas se te hace la boca agua, llenas de pipas negras -¡¡No sé que moda es esa de las sandías sin pipas!!. No sé donde tenía el terreno en el que se sembraban, pero sé que entonces eran de secano, que es la fruta mas dulce. Algunos melones se colgaban en el techo del pasillo, con una especie de rejilla que se hacía de juncos y duraban hasta Navidad, o mas. Cuando salía algún melón o sandía que al abuelo le parecía excepcional, guardaba las pipas, después de secas, para simiente del próximo año y las metía en unos cántaros que también estaban en la troje. Las había de melón, de sandía... y de calabaza.
En una ocasión, Aurelio se dio un susto de muerte. No sé si uno de los tíos o el abuelo le mandaron que subiera a por un melón y cuando abrió la puerta de la troje para subir, por poco se cae de espaldas al tratar de huir. Le habían puesto en lo alto de la escalera, el cascarón de una sandía convertido en una cabeza, con los huecos de los ojos y grandes dientes, y una vela encendida dentro. Igual que las calabazas que ponen ahora en la noche de halloween, pero que en aquel entonces ni se había oído hablar de tal fiesta.
En cambio a mí, en uno de los ventanucos de la troje me dejaron un año los reyes, unos calcetines grises largos, una naranja y unas monedas.
Ignacio dice que sentado en los peldaños de la troje, con ocho años, aprendió a hacer crucigramas con el ABC del abuelo.
Había otra finca, "La Cortina", que dependiendo de la época del año, sembraban una cosa u otra. Y así, aparte de los melones... las sandías... los cántaros de simientes... y algunos aperos de labranza, en la troje había: garbanzos... trigo... cebada... Ya veis lo que la troje daba de sí... Subir allí, era una aventura.
Continuará...
| Esto es por regalaros una foto de la zona. La casa de enfrente de los abuelos, y donde yo nací. |
------------------------------------
Frase:
"Un amigo es uno que lo sabe todo de tí y a pesar de ello te quiere"
Elbert Hubbard.
24 de septiembre de 2014
CRÓNICAS DE OTROS TIEMPOS
Este tiempo de atrás, hablando con mi primo Ignacio me recordó y rectificó alguna de las cosas que yo había puesto, con dudas, en la página de la casa de los abuelos. Por ejemplo me confirmó que solo había una alhacena, al lado izquierdo de la chimenea, o que la tinaja del agua no estaba al final del pasillo sino en la bajada del escalón a la cocina, (que no deja de ser el final del pasillo...). Aunque creo que cosas que él me dijo y yo no recordaba, lo siento Ignacio, las confundía con la casa de sus otros abuelos.
Voy a completaros lo que dejé pendiente de la casa en mi anterior post, pues en esa conversación recordé algunos detalles. Y estas crónicas son de mis recuerdos.
Os dije que os hablaría de la bodega y la troje. Pues bien, la bodega era un cuarto-despensa lleno de cosas ricas. Siempre estaba muy oscura. Creo que había unas tinajas con aceite, pues el abuelo tenía algunos olivos; también estaba la artesa donde se amasaba el pan, que luego, se llevaba en unos tableros, a cocer al horno de la tahona, y una vez cocido, se guardaba en la bodega, en una tinaja. Creo que ya os conté que el pan se hacía para toda la semana y que la abuela no dejaba nunca comer el pan del día. (Ignacio, lo que había al final del pasillo no era la tinaja del pan sino unos cántaros).
También se guardaba el tomate natural, conservado en botellas de cristal.
Y el queso en aceite... Y las aceitunas...
Lo cierto es que en esa época, la mayoría de las casas llenaban su despensa con los productos de su propia cosecha. El abuelo tenía una huerta, donde sembraban las hortalizas necesarias para el sustento. Y luego tenía "la huertina", que estaba al lado del arroyo, y donde había un granado... y una higuera... y donde nacían tambien azucenas. En ella había una noria pequeña que tenía acceso al pozo por uno de los lados, con unas escaleras de piedra hacia abajo por donde recuerdo haber acompañado a tía Fe a coger agua con un cántaro.
Continuará...
Frase:
"Los hombres pasan, los recuerdos quedan, como quedan las obras de los que algo hacen". Víctor Montenegro
Voy a completaros lo que dejé pendiente de la casa en mi anterior post, pues en esa conversación recordé algunos detalles. Y estas crónicas son de mis recuerdos.
Os dije que os hablaría de la bodega y la troje. Pues bien, la bodega era un cuarto-despensa lleno de cosas ricas. Siempre estaba muy oscura. Creo que había unas tinajas con aceite, pues el abuelo tenía algunos olivos; también estaba la artesa donde se amasaba el pan, que luego, se llevaba en unos tableros, a cocer al horno de la tahona, y una vez cocido, se guardaba en la bodega, en una tinaja. Creo que ya os conté que el pan se hacía para toda la semana y que la abuela no dejaba nunca comer el pan del día. (Ignacio, lo que había al final del pasillo no era la tinaja del pan sino unos cántaros).
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| Para los que no sepáis qué es una artesa |
En orzas, y colgados, se guardaban los productos de la matanza, que se hacía todos los años. Chorizos, morcillas y patateras. Lomo y costillas, que se adobaban.
El día de la matanza era una fiesta. También me tocó estar en alguna de ellas.
Durante todo el año, se engordaba o cebaba al cerdo. Por las mañanas, creo que ya os lo conté, pasaba el porquero tocando una especie de trompetilla y se llevaba a los cerdos -¡cual flautista de Hamelín!- al campo para que se alimentaran con bellotas, o lo que sea, y los devolvía a casa en el transcurso del día.
Cuando llegaba su día, que no sé si era el de San Martín, se reunían en casa de los abuelos un montón de gente para echar una mano. Recuerdo a tío Arsenio y otras personas persiguiendo al cerdo por el corral, que huía gruñendo porque debía imaginarse lo que se le venía encima, unos y otros entrando y saliendo por los huecos de puerta que había entre las distintas zonas del corral. Cuando conseguían alcanzarlo, procedían... Luego en la explanadita o plaza que había delante de la casa, preparaban una hoguera donde lo chamuscaban. No sé en qué orden, pero recuerdo estar en el arroyo con algunas mujeres lavando tripas y nosotros montando en un columpio que nos habrían hecho con una soga en un árbol. Lo siguiente que recuerdo es a todas las mujeres sentadas en la cocina, como en corro, haciendo el embutido. Unas iban llenando las tripas, a mano, o mejor dicho a dedo, otras las ataban y otras con un corcho con puntas de alfiler, los iban pinchando, ahora sé que para sacarle el aire. Esta tarea estaba siempre amenizada por las ocurrencias de tía Rogelia que parece que la estoy viendo: oronda... con sus faldones largos y negros... y su pañuelo a la cabeza. Aparte de los productos típicos que todos conocemos, allí se hacía "turra", que era como bloques de sangre cuajada, que luego creo que se comía rehogada con cebolla.(??).
El día de la matanza era una fiesta. También me tocó estar en alguna de ellas.
Durante todo el año, se engordaba o cebaba al cerdo. Por las mañanas, creo que ya os lo conté, pasaba el porquero tocando una especie de trompetilla y se llevaba a los cerdos -¡cual flautista de Hamelín!- al campo para que se alimentaran con bellotas, o lo que sea, y los devolvía a casa en el transcurso del día.
Cuando llegaba su día, que no sé si era el de San Martín, se reunían en casa de los abuelos un montón de gente para echar una mano. Recuerdo a tío Arsenio y otras personas persiguiendo al cerdo por el corral, que huía gruñendo porque debía imaginarse lo que se le venía encima, unos y otros entrando y saliendo por los huecos de puerta que había entre las distintas zonas del corral. Cuando conseguían alcanzarlo, procedían... Luego en la explanadita o plaza que había delante de la casa, preparaban una hoguera donde lo chamuscaban. No sé en qué orden, pero recuerdo estar en el arroyo con algunas mujeres lavando tripas y nosotros montando en un columpio que nos habrían hecho con una soga en un árbol. Lo siguiente que recuerdo es a todas las mujeres sentadas en la cocina, como en corro, haciendo el embutido. Unas iban llenando las tripas, a mano, o mejor dicho a dedo, otras las ataban y otras con un corcho con puntas de alfiler, los iban pinchando, ahora sé que para sacarle el aire. Esta tarea estaba siempre amenizada por las ocurrencias de tía Rogelia que parece que la estoy viendo: oronda... con sus faldones largos y negros... y su pañuelo a la cabeza. Aparte de los productos típicos que todos conocemos, allí se hacía "turra", que era como bloques de sangre cuajada, que luego creo que se comía rehogada con cebolla.(??).
También en la bodega, hacia el centro, colgada del techo por unas abrazaderas, había una balda grande donde la abuela Petra ponía la leche... y en un cuenco grande el tomate frito, hecho con mucha paciencia y que estaba tan rico. Mamá tambien lo hacía muy rico, ¿recordáis?. Decía que lo aprendió de su madre.
También se guardaba el tomate natural, conservado en botellas de cristal.
Y el queso en aceite... Y las aceitunas...
Lo cierto es que en esa época, la mayoría de las casas llenaban su despensa con los productos de su propia cosecha. El abuelo tenía una huerta, donde sembraban las hortalizas necesarias para el sustento. Y luego tenía "la huertina", que estaba al lado del arroyo, y donde había un granado... y una higuera... y donde nacían tambien azucenas. En ella había una noria pequeña que tenía acceso al pozo por uno de los lados, con unas escaleras de piedra hacia abajo por donde recuerdo haber acompañado a tía Fe a coger agua con un cántaro.
Continuará...
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Frase:
"Los hombres pasan, los recuerdos quedan, como quedan las obras de los que algo hacen". Víctor Montenegro
25 de julio de 2014
CRÓNICAS DE OTROS TIEMPOS
(continuación…)
Y ya estamos en la zona del corral. Esta zona, si no recuerdo mal tenía tres departamentos, o apartados. El del centro, según salías de la cocina, era lo que llamaban la cuadra donde, además, había un pajar para guardar el heno, la alfalfa y la paja para los animales. También había nidales para las gallinas, que campaban a sus anchas. El apartado de la derecha tenía en una de las paredes, unos pesebres donde comían las caballerías y en otra un pozo empotrado. También aquí estaba la otra puerta de la casa, que daba a la calle y que llamaban “la trasera”, que era por donde entraban los animales y por donde se metían las cosechas. El tercer apartado, el de la izquierda, era propiamente el corral. Estaba empedrado, y descubierto y ahí nos sentábamos a coser o a hacer otras tareas. También ahí se almacenaba leña para la lumbre: las famosas taramas… Y se hacían fotografías…
Y aquí está la foto prometida.
Ahora, con los móviles y las cámaras digitales, hacemos fotos a todo y a todos, pero entonces no todo el mundo tenía cámara fotográfica y solo se hacían fotos en casos especiales y con cuentagotas. El que esta chica esté en la foto, dentro del corral de los abuelos y en compañía familiar, es porque era alguien allegado y de confianza. Además, están como con trajes festivos. ¿Tal vez alguien que había venido a las fiestas?. No sé… lo cierto es que he preguntado a mi hermano… a mi prima… a mi tía, que entonces estaba todavía en casa de los abuelos, y nada… Calculo que arriba o abajo, debe tener mi edad, por lo que os reto a los que me conocéis y leéis mi blog a que me ayudéis a averiguar quien es.
-------------------------------------------
Frase:
"Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja".
Proverbio italiano.
24 de julio de 2014
CRÓNICAS DE OTROS TIEMPOS
Hace unos días, cuando volvíamos
de La Manga y pasamos a visitar a Aurelio y Adela, estuvimos viendo fotografías
antiguas y descubrí una que quiero compartir con vosotros. Debe ser de finales
de los años cincuenta. De muy a finales… Yo diría entre el 1958 y 1960. Me ha traído
recuerdos de aquellos tiempos.
Está hecha en el corral de
la casa de los abuelos. Ya en alguna ocasión he publicado algo de esta casa con
referencia a mamá o a papá, pero creo que nunca la he descrito con detalle.
Tampoco lo voy a hacer ahora, ¡no temáis!. Solo algún apunte de cómo yo la
recuerdo
Primero, la entrada de la
casa tenía una puerta de las que están divididas en dos partes. Abrías la parte
de arriba, introducías la mano y levantabas una aldabilla, diciendo “ave maría”
al mismo tiempo que abrías la parte de abajo y entrabas en casa. De dentro te
contestaban “sin pecado…”. ¡Vamos, como cuando ibas a confesar!. Había un
amplio vestíbulo distribuidor, que llamaban “el patio de casa”, con suelo de
cemento pulido y macetas con calas, o parecido…
A la izquierda estaba el
comedor, aunque solo de nombre porque no recuerdo haber comido allí nunca.
Tenía un ventanal a la calle y el suelo creo que era de baldosa con algún
dibujo. Eso sí lo recuerdo: el abuelo sentado delante del ventanal generalmente
leyendo el ABC, al que estaba suscrito. Allí recibía a las visitas y allí comía
él siempre, solo. A lo mejor por eso se llamaba comedor. Los demás comíamos
todos en la cocina, que la recuerdo muy grande y hacía las veces de zona de estar y cocina . Dentro del comedor, había una
alcoba que era el dormitorio de los abuelos.
Frente a la puerta de la
calle había otra alcoba, con dos camas, que era el dormitorio de los tíos. A
los pies había un baúl para la ropa, que lo llamaban “mundo” y que estaba montado
sobre una especie de patas, que no recuerdo el nombre que le daban. Debía ser
muy hondo, porque cuando algo se perdía la abuela decía “estará en el culo del
mundo”.
A la derecha había otra
estancia gemela a la del comedor, que era la habitación femenina. Constaba de
una primera sala, con ventanal a la calle, y creo recordar que el suelo era de
barro cocido color teja. Había un lavabo
y un armario con puerta de espejo. A continuación había una alcoba que era el
dormitorio de las tías, con una cama que la recuerdo grande y muy alta.
A la derecha del
distribuidor y pegado a esta estancia salía el pasillo que llevaba a la cocina,
bajando un escalón. Frente a este escalón estaba la puerta que comunicaba con
las cuadras y el corral.
La cocina era una estancia
bastante amplia, pero toda la zona de estar y trabajar se concentraba en la
cabecera, que era una zona mas ancha. Había una gran chimenea en el centro de
la pared, con el fuego casi a ras del suelo, que era donde se cocinaba con los pucheros al rescoldo de la lumbre,
y donde siempre había un pote con agua caliente. A los lados de la chimenea
había unas alacenas (o era sólo a un lado?... ¿al izquierdo?) donde se guardaba
la loza. En la pared de la derecha, una ventana que daba al corral y en la
misma zona una pila, creo, donde se fregaba en unos barreños. En la pared de la
izquierda había una bodega, donde se almacenaban los alimentos. Y en un ángulo
también hacía la izquierda y a la espalda, la puerta que subía a la troje, donde se guardaba el
grano. De estas dos estancias os contaré otro día.
Os había dicho que no iba a
detallar, lo siento pero… me lío y me lío.
Tanto me he liado, que la
foto en cuestión os la pondré en el próximo post. En compensación os pongo una
del aspecto actual de la casa de la que os estoy hablando. No sé como estará
ahora por dentro, ni tengo curiosidad por verla. Prefiero mantener mis
recuerdos intactos.
| La casa de los abuelos, aspecto actual |
Ahí la tenéis, la he recortado de google. ¿No os paseáis
algunas veces a través de google maps, por zonas que hace mucho que no
visitais?. A mi me encanta hacerlo. Sobre todo por los pueblos con los que he
tenido alguna relación y a los que ya no he vuelto a ir. Este si lo he visitado
muchas veces, pero la casa no, desde que dejaron de habitarla los abuelos.
Aparentemente está como la recuerdo. El primer ventanal es el del comedor,
después la puerta de entrada, el ventanal de la otra sala, y la trasera, que
estaba en la misma fachada. Lo único que ha variado es el asfaltado de la
calle, que en aquel entonces era empedrado.
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Proverbio judío.
"Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría".
18 de junio de 2014
CRONICAS...
Hace unos días, con la excusa de felicitarle por su cumpleaños, hablé con mi primo Miguel Ángel. Que por cierto, también es mi ahijado. Después me quedé pensando y pasaron por mi mente imágenes y escenas de otros tiempos. Recordé cuando nació, que lo hizo precisamente en Santa Cristina, en Madrid, no recuerdo el año exacto. Entonces se bautizaba a los niños en la primera o segunda semana de vida, por lo que era muy frecuente sacarles del hospital ya bautizados. No se quien propuso que yo fuera su madrina, como también lo fui unos años mas tarde de David. Esta vez, creo recordar, en la maternidad de O'Donnell.
Lo de Miguel Ángel debió ser a principios de los años sesenta y entonces yo no era todavía mayor de edad, pero eso por lo que se ve, no debía importar para amadrinar a un niño
Lo de Miguel Ángel debió ser a principios de los años sesenta y entonces yo no era todavía mayor de edad, pero eso por lo que se ve, no debía importar para amadrinar a un niño
Ahora la mayoría de los niños van andando a su bautizo e incluso hay quien espera a que los niños decidan por sí mismos si quieren ser bautizados.
Entonces las cosas eran así y nadie pensaba si el niño quería o no ser bautizado. Le bautizabas, como le dabas de comer, le vestías, o le llevabas a la escuela. Sin preguntarle.
Recuerdo a tía Victoria. Con su cara tan dulce y sus ojos siempre sonrientes, a pesar de que no tuvo una vida muy fácil. Adoraba a sus hijos. Nunca se quejaba. Los llevaba siempre "como un pincel". En una ocasión pasé con ellos unos días en Uceda, un pueblecito de Guadalajara, donde entonces vivían por motivos laborales del tío. Que con frecuencia cambiaba de trabajo.
Durante esos días recuerdo que le ayudaba a cuidar de los pequeños, bueno, mas que ayudarla se los entretenía un poco haciéndoles trabajos manuales con recortables de papel, ¡que siempre me ha gustado enredar!
Vivían en la plaza, creo recordar, en el extremo contrario a la oficina de correos. Tía Victoria era muy cariñosa conmigo. Claro que ella era así por naturaleza, muy cariñosa con todo el mundo. Me decía que le gustaría que su hija Dulce, de mayor, fuera una señorita. Si la pudiera ver ahora... ¡es su vivo retrato!. También pasé con ellos unos días en Alcalá. En la primera finca. Donde trabajaba entonces el tío, y donde recuerdo que había un matrimonio alemán.
Cuando ella se nos fue, corría el año 1969, y tenía cuarenta y cuatro años. En la flor de la vida, cuando mas la necesitaban sus hijos, y después de una cruel enfermedad. Recuerdo haberla visitado primero en el Hospital Provincial o General de Atocha. Donde ahora se ubica el Museo de Arte Reina Sofía. Y mas tarde en una unidad del Hospital Gregorio Marañón, en la calle Ibiza. En los tres o cuatro años anteriores se nos habían ido tambien: tía Carmen, papá, y la abuela Petra. Y dos años después, tía Guadalupe... ¡Un desastre!.
Siempre que pienso en tía Victoria, me siento pesarosa de aquella situación, de desamparo en que quedaron esos niños. El padre tuvo que hacerse cargo de ellos, sin ninguna práctica en lo que era cuidar unas criaturas y llevar una casa. Supongo que pondría todo su empeño por el amor que tenía a sus hijos, pero no era la constancia una de sus virtudes. Y la verdad es, que no sé quien cuidaba a quien.
Al principio íbamos a visitarles unos y otros, unos mas que otros, pero pronto les abandonamos a su suerte. Por eso cuando alguien comenta el poco apego que al parecer ellos tienen a la familia, me pregunto... ¿Y qué queréis...?
Pero yo era madrina del pequeño... y siempre he tenido ese peso sobre mi conciencia. Aunque en mi descargo quiero decir que yo no era libre para actuar y siempre fui un poco débil para tomar decisiones e imponer mi voluntad.
No obstante, está claro que ellos tenían un ángel protector y supieron superar la situación y luchar hasta convertirse en personas maravillosas. Padre e hijos se mantuvieron unidos como una piña, y pueden decir orgullosos que lo que son y lo que tienen se lo han labrado ellos solos. Pueden decir que se han hecho a sí mismos.
Estoy segura que ese ángel protector se sentirá muy orgulloso de ellos.
"En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente". Khalil Gibran.
Estoy segura que ese ángel protector se sentirá muy orgulloso de ellos.
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Frase:"En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente". Khalil Gibran.
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